Antes muerta que sencilla
Hace un par de meses, el estatus de un amigo en Facebook hablaba de su no muy agradable sorpresa al estar en el aeropuerto a las siete de la mañana y darse cuenta de que la mujer que estaba a su lado estaba totalmente maquillada y usando tacones (the full Works, como él dijo), a lo que yo le contesté que prefería eso a las que con la excusa de estar de vacaciones sólo se quitan los pants y los tenis air del gimnasio para dormir. En mi opinión, no existe excusa o pretexto válido para usar ese tipo de calzado para otra cosa que no sea hacer ejercicio.

Alguna vez oí que la elegancia no consiste en andar por la vida en vestido de noche, sino en vestirse siempre adecuadamente para la ocasión. Concuerdo totalmente, no hay nada peor que maquillarse o (Dios nos libre) usar tacones para ir a la playa, pero, aunque usemos jeans y flats, siempre podemos ayudarnos un poco. Aun cuando nuestro vuelo salga a las seis de la mañana, ni modo, hay que despertarnos un poquito antes para, aunque sea, ir sencilla pero dignamente peinadas. Siendo fiel a esta filosofía y para probar mi teoría de que hasta las situaciones más extremas pueden ser libradas con gracia y estilo, les voy a dar un ejemplo de un ser muy cercano a mí.

Como todos recordamos, en los meses pasados el frío fue especialmente inclemente con todos nosotros y mi gatita de nombre Malteada no estuvo exenta de sufrir sus efectos. Lloraba y se quejaba más de lo común, por lo que, después de revisar que la causa no era hambre, sed o enfermedad, llegué a la conclusión de que su usual canasta con cojín no era suficiente para mantenerla caliente. Necesitaba lo que todos anhelamos en esa situación: una cama nueva con cobijas. Cuando fui a comprar los materiales, las opciones en cuanto a estampados no eran muy alentadoras: huellitas de perro (lo cual hubiera resultado ofensivo para ella), princesas, colores lisos o cebra. A pesar de que jamás he sido fanática del animal print, pensé que, al tenerlo integrado naturalmente ella misma a su fisonomía, podía usarlo libremente. Su nuevo y feliz refugio del gélido clima combinaba tan bien con ella que en ocasiones parecía que se mimetizaba. Desde entonces han sido inseparables y quitárselo durante un rato para lavarlo es causa de enojo. La solución pudo haber sido un improvisado montón de cobijas viejas que no fueran con ella, pero, pensando en que era el lugar donde más horas iba a pasar durante esta temporada, ¿por qué no tomarse un poco de tiempo para lograr un resultado cómodo y con estilo a la vez?
Ariadne

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Mi vida! Se ve divina la gatita! Y tienes muchisima razon, es buano dedicarle un poco de más tiempo a las cosas que valen la pena.

Y hay que tratar de estar siempre decentes, no sabes con quien te puedes encontar...

ID dijo...

No puedo coincidir mas contigo... no es lo que traemos puesto si no la ocasion, no sin olvidar que tambien depende del humor... algunas veces y sobre todo cuando uno viaja (al menos en mi caso) la comodidad esta siempre antes que la elegancia, no resulta comodo estar en un avion 9 horas o en el tren 12 horas y tener que lidiar con el atuendo.

Por cierto, Malteada debe estar muy contenta... linda foto!

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